
La conducta sexual es muy variada y depende de muy diferentes factores. La biología de cada cual, sus sentimientos de identidad, sus experiencias vitales, etcétera, condicionan la forma cómo el individuo entiende y desarrolla su sexualidad.
La manera en la que una persona siente atracción hacia otras puede ser muy variable. La atracción puramente física suele llevar a una relación pasajera. Verano, época de solaz, cambios de ambiente y prodigalidad en destapar los cuerpos, favorece este tipo de contactos ocasionales. Sólo es necesario que dos personas con deseo de contacto físico, y orientaciones sexuales complementarias, se encuentren y se pongan de acuerdo en mantener relaciones sexuales placenteras para ambas.
Riesgos: no todas las personas tienen las cosas claras. Algunas buscan amor, afecto, el amante perfecto, o las compensaciones de sus necesidades neuróticas. Las relaciones esporádicas no cubren estas expectativas por lo que no proporcionan felicidad o seguridad a este tipo de personas. Por el contrario, son causa de malestar y ansiedad, especialmente si van seguidas de sentimientos de culpa.

Otros riesgos: los de tipo físico. Las personas con mayor actividad sexual pueden incurrir en conductas de riesgo si no toman las precauciones necesarias. El condón, masculino o femenino, es de obligado uso en relaciones que pongan en contacto mucosas (coito, sexo oral, sexo anal).
Las conductas de riesgo más frecuentes son:
1. Contactos con personas dedicadas a la prostitución. Más del 50 % de personas dedicadas a la prostitución, en nuestro país, están infectadas del SIDA. En según que países (centro de África, Tailandia) la infección por SIDA oscila entre el 70% y el 95 % de personas dedicadas a la prostitución.
2. No emplear preservativo en contactos esporádicos. Los adolescentes, en especial, se consideran grupos de riesgo a causa del descenso en la edad de iniciar las relaciones sexuales (13 - 14 años) y por su falta de formación en técnicas de bajo riesgo.
3. Promiscuidad. Hacia mediados de los 80 se llegó a calcular alrededor de 20 el número de contactos esporádicos que un homosexual activo practicaba diariamente, en San Francisco. La homosexualidad sin promiscuidad, o con las precauciones adecuadas, no constituye un factor de riesgo.
El swinger y las parejas ocasionales.
(Swinger: el que oscila, que cambia o se balancea de un lugar a otro, derivado de "To Swing": balancearse, oscilar)
El swinger es una actividad de parejas que nace de una relación estable, crece como fantasía de ambos, recorre el proceso de construcción de la confianza mutua, de la caída de los prejuicios y, superado ese momento, comienza el juego en la búsqueda de la primera experiencia.
A veces ese juego se extiende por años, otras su resolución es inmediata, pero de una u otra forma ese proceso hecho en conjunto por la pareja es la sal que da sentido a este estilo de vida. Llegar cada noche después de un encuentro y hablar con nuestra pareja sobre lo vivido, excitarse con los recuerdos, internalizarlos en el lecho, es abonar la intimidad de la pareja, hacer crecer la convivencia. ¿Qué sería del swinger fuera de la pareja?: Nada. El hecho de estar en una cama con más gente puede ser muy reconfortante aunque no sea más que eso.
Algunos llaman a esto ¨orgía¨, pero si esas personas no son parejas estables no es un grupo o un encuentro swinger. Entre estas personas el momento de placer no se extiende más allá del tiempo en que se vive el sexo, mientras que en el caso de una pareja estable cada encuentro construye fantasías, emociones y recuerdos que son parte de la vida diaria y, en especial, de la intimidad de la pareja. ¿Hay parejas ocasionales en el swinger?, claro que las hay, tengamos en cuenta que una mujer y un varón que tienen la fantasía de estar sexualmente con otras personas, en el mismo lecho, ¿dónde pueden realizarlas que no sea en nuestro ambiente? No hay espacios donde la gente se proponga esas cosas con naturalidad.
Conozco mujeres solas que nunca podrían vivir experiencias con varios hombres si no fuera a partir del ambiente swinger , o ¿es que pueden -en una fiesta privada - decirle a tres o cuatro jóvenes que desea estar con ellos en una cama? Primero, no la tomarán en serio, segundo, puede pasar un mal rato.
El sexo más allá de los límites socialmente estipulados requiere de
conciencia, y ella será tratada con poco respeto, seguramente. Así que algunas parejas llegan a acuerdos, se juntan y se venden como pareja real para integrarse a un grupo o intercambiar con otra pareja. La mayoría de los swingers detectamos fácilmente esa maniobra. En muchos casos dejamos pasar la cuestión porque sabemos que no nos cruzaremos más con esa virtual pareja y que nunca llegarán a ser parte del todo del swinger, de su lado social, de la construcción de amistades, y que rebotarán con gran parte de las parejas que son meticulosas a la hora de intercambiar.
| El hecho es que la igualdad de entrega es vital para completar la fantasía vibrante del swinger: “Yo lo hago con el ser que tú amas y tú lo haces con el que yo amo”. |
¨Superación¨, esa es la palabra que define ese estado donde el amor no es afectado por el sexo compartido, donde la institución ¨pareja¨ se preserva sin problemas aunque la cama se amplíe a algunos visitantes más. Muchas de esas parejas ocasionales son de esposas y maridos que no pudieron convencer a sus cónyuges, entonces buscaron una compañía, lo hicieron solos y creen que ya son swingers. Pero claro, no logran vivir lo esencial; llegan a su casa y su esposa está allí, sexualmente es la misma de siempre, monógama, y ellos, por lo tanto, no realizaron su fantasía más que como un paseo turístico por un paisaje donde sólo ven el bosque pero no el árbol. La sociedad se vuelve cada vez más amplia y tolerante en materia de sexo. Pero cuidado, dije la sociedad, no las instituciones que la gobiernan. La espontaneidad crece en los jóvenes, el sexo se vuelve rápido y probar lo diferente es cada vez más normal, así que las parejas ocasionales serán parte del paisaje del swinger en forma permanente. Deberemos saber cómo manejar, según la visión de cada uno, este fenómeno. Lo importante es que no nos convenzan de que ellos son swingers.
| Recuerden: Esa pasión compartida, esa posibilidad de construir la complicidad en pareja, encontrar en nuestra cama a esa mujer o ese varón día a día, con el que vivimos esta libertad pactada, el hacerlo con el ser querido, es la marca de fuego del swinger. Lo demás es otra historia. |
¿Parejas liberales o swingers?
Lo semántico define lo práctico, pone en su lugar cada cosa y es bueno que en el plano sexual definamos cada variante por su nombre y, desde ahí, calificar las diferencias. ¨Swinger¨ es una pareja que practica el sexo con otras pero sin separarse, en el mismo espacio físico, es decir, trasladando el placer de uno a otro mirando al ser amado gozar; es un rasgo muy importante porque define nuestro estilo de vida.
En cambio la pareja liberal,no necesita del otro, se toma libertad absoluta en el plano sexual, y por lo tanto los límites son difusos.
Pensemos: Si salgo con otra mujer, la seduzco, hablamos, vamos a la cama y en ella somos dos, sin duda en ese juego se explora más allá de lo genital, no hay sólo sexo. Los swingers nos detenemos en el sexo y cultivamos lo afectivo sólo ligado a la amistad. No exponemos a la pareja y su unidad ni deseamos vivir individualmente nuestra sexualidad. Las parejas liberales son una decantación del ¨hippismo¨ de los setenta; en nuestro país esta tendencia no tiene anclaje porque es de por sí compleja y a la larga crea riesgos. La posibilidad del enfriamiento de la intimidad de la pareja es uno de esos riesgos, y los celos por pensar que nuestra pareja no nos cuenta todo lo que hizo al salir con otro sin nuestra compañía.
Un defensor de esta tendencia decía que los swingers practican una especie de ¨prostitución no monetarizada¨, es decir, si a ambos no les gusta por igual la pareja con la que estarán, una parte está haciéndolo forzado y de esa forma se prostituye para complacer al otro. Sin duda ese es un concepto simplista, es ver al sexo sólo en el plano estético; es decir, si la mujer con que estoy no es el ideal físico que deseo, no es válido el intercambio. Pero los swingers vamos más allá del ¨sexo-imagen¨, creamos toda una situación de seducción que amplía la cosmovisión del sexo explorando otras sensaciones más allá de lo estético, construimos cada encuentro y aún los más genitales encuentran en la variedad el placer.
Acordar con nuestra pareja la elección de otra es parte del juego, es la búsqueda de un equilibrio entre lo bello y lo sensual, lo carnal y lo sensorial. Hay piel con una persona cuando establecemos cercanía con ella, ahí detectamos el encanto. Ese juego lo hacemos juntos, lo que le da esa explosiva carga de complicidad en la pareja que es tan excitante como el sexo mismo. La pareja liberal no tiene esa oportunidad: Juega en soledad y cuenta a su pareja sólo lo que le parece prudente contar; el resto de la historia no siempre la declara. Es la parte donde juega lo romántico, aspecto inexistente entre los swingers.
¿El swinger sustituye el sexo de la pareja?
Una pregunta que es básica en quienes intentan acercarse al swinger es acerca de si cuando practican este estilo de vida el sexo en la pareja se verá afectado en su continuidad o ya no tendrán los mismos deseos al enfocar toda su energía al sexo con otras parejas o grupos. Es un tema interesante, porque cuando decimos que puede haber en una pareja luego de algunos años cierto agotamiento del interés sexual y que el intercambio es una opción para revivir ese estímulo perdido, no queremos decir que esa es la función o el leitmotiv de la práctica del swinger. Es que la gran mayoría de las parejas que están en nuestro ambiente se iniciaron estando muy bien en su sexualidad íntima e, incluso, fue el alza del deseo el que los llevó a buscar nuevos horizontes. La cama matrimonial es un lugar seguro, de una calidez especial donde juegan valores ausentes en el intercambio, valores afectivos y de compromiso, costumbres, y la fuerte intimidad que la convivencia genera. Estas cosas son irreemplazables y hacen del sexo íntimo de la pareja algo especial, único. Claro que también esos factores pueden afectar la sexualidad de la pareja; las tensiones de la vida cotidiana, la falta de tranquilidad cuando hay hijos y muchos otros aspectos más intervienen en la libre expresión de la sexualidad en pareja.
Es decir, el sexo matrimonial es complejo, mientras que el sexo swinger es simple, sólo genital: elegimos la pareja que nos gusta, conversamos lo suficiente para conocernos... y a la cama. Allí lo que se expresa es sexo y sólo esa sensación, sin otros compromisos ni asuntos pendientes, sin otras cargas ni otros valores.
Una cosa es segura: el sexo swinger no puede reemplazar al sexo en pareja porque, aunque este sea espaciado, cuando se da tiene otro origen. Y también es bueno aclarar que el sexo swinger, cuando da placer al practicarlo, se vuelve parte de la vida sexual de la pareja y es complejo desandar el camino recorrido. Podemos hablar de una interacción entre ambas variantes: el intercambio eleva el morbo junto a las fantasías de la pareja, y generan una complicidad sexual que estimula genitalmente. Es por esta razón que muchas parejas ven incrementada su sexualidad de pareja después del primer intercambio.
¿Cuánto ocupa el sexo en nuestra vida?... Eso también tenemos que sopesarlo. En muchos casos de parejas ocupaba menos del 5 % de su tiempo libre, y con el swinger ese espacio creció al 30%; es decir, montaron una vida distinta, con salidas, encuentros, discos y hoteles o apartamentos, todo para tener sexo. Sus salidas cambiaron de horizonte y las noches en la intimidad de la pareja también ampliaron el tiempo dedicado al sexo con esta apertura.
En todo este tema debemos tomar algo en cuenta como ley mayor: el swinger es oscilar. Es decir, pasamos fugazmente por la cama de los otros, no nos quedamos en ella ni buscamos más atención que la genital en ese momento concreto. Si esto se respeta -y la mayoría de los swingers lo hacemos-, no hay otras historias que lamentar. Cuando, por el contrario, nos aferramos a otra pareja o a un solo o sola en el caso de los tríos, la cuestión comienza a tener sus riesgos.
| Somos ¨osciladores¨, vamos del placer hacia lo nuevo. Sólo tenemos un puerto fijo en nuestro constante navegar: nuestra pareja. |
Las contradicciones en el swinger.
“Te amo, te comparto”: esta es quizás la primera contradicción en el swinger. La idea del amor está asociada culturalmente a la posesión indisoluble del cuerpo del ser amado: sólo nosotros disfrutamos de él y sólo el ser amado disfruta de nuestro cuerpo; así es, por lo menos, en la consideración general. La pregunta es por qué, y la respuesta es muy larga y compleja. Pero lo cierto es que la posesión física del otro tiene que ver con aspectos reproductivos y no sexuales en su origen. Claro que si bien hoy el tema de la reproducción, su control y prevención, están ligados a la utilización de variados recursos de muy alta eficacia, la idea de la posesión física del ser amado no cambió en general. Es que dos mil años de cultura pesan.
| Muchas veces dijimos que somos seres concebidos para la diversidad sexual, no para la monogamia sexual. |
Los swingers en algún punto de nuestras vidas dejamos -de común acuerdo- liberada esa capacidad de ser sexualmente amplios y ya no necesitamos, para sentirnos seguros y amados, tener la exclusividad sexual. Entonces comenzamos a concebir el amor de forma más profunda, menos posesiva. Vemos a la pareja no como una unidad reproductiva sino como la unión de aspiraciones, proyectos y fantasías, y entendemos que acompañarnos es a la vez comprendernos y ayudar al otro a realizar aquellas cosas que lo hacen feliz o le aportan placer. No hay en la posesividad ni en los celos nada que nos asegure amor, más bien hay mucho de un individualismo no elaborado. “Te amo, te comparto” es una contradicción, pero como toda contradicción respeta las generales de la evolución. Compartir no es entregar, dar un paso al costado ni perder nuestra posición dominante en el plano del amor, único sustento de la pareja. Compartir es más precisamente dejar hacer en comunidad para el placer mutuo. Esto parece muy filosófico, pero es esencial. También se ve como una contradicción aun más compleja el hecho de que los swingers gocemos viendo al otro gozar con un tercero. Allí lo que se expresa es el principio de la omnipotencia genital: si ella o él me ama, nadie le podrá dar placer sexual. Nada más inexacto. Quizás el amor nos asegure el lugar más cálido y requerido en la sexualidad del otro, pero no inhibe su capacidad natural para gozar.
| Podemos gozar con otros sexualmente y amar en exclusividad, esto es así, podemos aceptarlo o mirar para otro lado. Y si es así, ¿por qué no dejar que esa capacidad fluya y no mentirnos con la idea de que somos los únicos que excitamos a nuestra pareja? |
Miedo, ese es el transfondo de la contradicción que percibimos al ver gozar a nuestra pareja con un tercero. Los swingers transformamos el miedo en confianza, y la aterradora imagen de que nuestra pareja goce con otros en una placentera forma de compartir fantasías y placer mutuo. Lo contradictorio es en general dialéctico: negamos lo que aceptamos y aceptamos lo que supuestamente negamos. El swinger es en sí una contradicción: puede ser placentero y nocivo, conveniente e inconveniente, todo depende de cómo se viva.
Infidelidad, genética y realismo
Un estudio reciente sobre el comportamiento femenino -entre otros temas- realizado en Inglaterra por un conocido instituto científico, reveló que, en un porcentaje de mujeres, la infidelidad tendría causas genéticas, es decir, habría una predisposición natural para relacionarse con más de un hombre sexualmente. Este informe, sin duda revelador, no hace más que sumar argumentos a nuestro punto de vista sobre la tendencia natural a la diversidad sexual en los seres humanos.
Muchas veces, reflexionando sobre nuestra práctica, pensé en cómo esas mujeres que hoy son swingers y demuestran una capacidad para el sexo tan amplia pudieron, durante tanto tiempo, ser sexualmente monógamas. Sé también que la mayoría de ellas nunca volverá a ser como antes del swinger, su noción del sexo se amplió tanto que no podrán estabilizar una relación donde se imponga la exclusividad sexual, es decir, el sexo sólo con su pareja. Y si así fuera, el riesgo de infidelidad sería superior a la media social.
| Este estudio mencionado habla de algo que nos obliga a ser realistas: la infidelidad, en muchos casos, no tiene que ver con desamor o desprecio a la pareja, sino que está enrolada con el deseo sexual, con la búsqueda de la variedad, algo que llevamos dentro y que forma parte de nuestra esencia humana. |
La hembra de nuestra especie necesita, para garantizar la fecundación, copular una importante cantidad de veces, por lo que la búsqueda de un compañero sexual, el celo permanente, una sexualidad sin interrupciones cíclicas (típico en los animales) son características para aumentar la posibilidad de procreación. Tenemos entonces una suma de información científica que conspira con el concepto de monogamia sexual, piedra angular de la institución “matrimonio”.
El swinger muestra claramente cómo funciona una mujer liberada de la carga de la exclusividad sexual, cómo aumenta su potencial y se advierten cambios en su personalidad. Con la sola idea de que un porcentaje de mujeres son -por rasgos genéticos- proclives a alternar con más de un hombre en el mismo registro de tiempo, alcanza para dar por tierra con el concepto de fidelidad como algo natural.
| ¿Sería entonces la fidelidad una especie de prisión para nuestra verdadera sexualidad? |
Los swingers buscamos una alternativa a la infidelidad, comprendimos que saber lo que desea nuestra pareja y vivirlo en conjunto es mejor que ocultarlo, mentir o realizar sin su saber o conocer. Muchos de nosotros ya no comprendemos el estado anterior en el que vivíamos, nos parece raro no poder disfrutar de otros cuerpos y sensaciones por el hecho de estar en pareja o casados, tan raro como ve parte de la sociedad al swinger. La razón, la verdad, está en la ciencia, no en la moral, sino en la realidad de lo que somos y no en la costumbre de actuar como nos enseñaron.
Una pareja es una negociación permanente, que puede ser placentera y hasta divertida, e implica un trabajo de ambos para que sea satisfactoria y feliz.
Flexiblidad y tolerancia.Para tener un compromiso largo y feliz, los dos miembros de la pareja tienen que ser flexibles. Esto significa que cada día tienen que estar abiertos a hacer cosas diferentes a la forma en que desearían porque ésta no encaja con la pareja. A veces debe ceder uno, a veces otro y a veces, los dos.Planes de futuro. Es necesario tener proyectos comunes y pactar, hablar y soñar sobre la forma de llevarlos a cabo. También es preciso que algunos proyectos cristalicen.
Buen sexo. El sexo es uno de los pilares de una relación. Los dos tienen que tener una forma similar de entenderlo y estar dispuestos a complacer al otro y a dejarse complacer. El sexo es imaginación y entrega.
Evolución. Tanto la pareja como cada uno de sus miembros cambian con el tiempo. Ambos tienen que adaptarse y procurar evolucionar juntos. Asimismo, hay que asumir que pueden producirse altos y bajos en la relacion de pareja sin que esto signifique, necesariamente, el fin. Algunas parejas evolucionan hacia una fuerte e intensa amistad en la que, quizá, se ha perdido algo de pasión, pero la confianza en el otro es total. La pregunta clave es: ¿qué esperas y deseas de una relación?.
Asumir que nadie nos va a querer exactamente como queremos que nos quieran. Ninguna persona va a encajar exactamente en nuestros deseos como lo haría la pieza contigua de un puzzle. Sin embargo, en la diversidad y en las diferencias está el encanto.
No apostar por el cambio. Si partimos de la base de que la pareja tiene que cambiar para que la relación funcione o damos por hecho que va a cambiar, nos vamos a pillar los dedos. Puede haber pequeños ajustes, pero nunca cambios radicales en la forma de ser. Al menos no para bien.
Comunicación. Con diferencia, es la palabra que más se utiliza cuando hablamos de la salud de la pareja. Sin embargo, es el concepto que menos se usa. Con calma, hay que estar dispuesto a comunicar al otro cómo nos sentimos, qué queremos y si hay algo que nos ha molestado, y, sobre todo, también hay que escuchar. Por mucho entusiasmo y enamoramiento que haya en una pareja, la relación no crece sola.
Interpretar de forma positiva. Hay dos formas extremas de entender las cosas: de forma negativa y de forma positiva. Cuando la pareja diga o haga algo que nos molesta, no debemos pensar que lo hace con mala intención ni mucho menos contraatacar. La guerra no favorece a ninguno de los dos. Y si, realmente, pensamos que actúa con mala intención o estamos en guerra, quizá es el momento de decir adiós.
Un punto de independencia. Las parejas que se cierran en sí mismas acaban ahogándose. No se trata de hacer una vida totalmente independiente, pero sí de tener algún espacio propio, aficiones, y, sobreo todo, cuidar a los amigos, que son muy importantes.

Respeto. Por la forma de ser y de pensar del otro y por sus inquietudes y aficiones. Tampoco hay que perder el respeto en una discusión: no se trata de ganarla a toda costa y dejar al otro por los suelos, sino de llegar a un acuerdo. A corto o medio plazo, toda descalificación dicha en un momento de ira o de rabia deja unas heridas que son difíciles de cerrar. Igual de fundamental que es el respeto al otro es el respeto por uno mismo. Si uno mismo no se valora ni se hace valorar, la relación está condenada a la infidelidad y al fracaso.
Aspiraciones realistas. La persona perfecta no existe. Nadie va a darnos todo lo que necesitamos en el momento justo en que lo necesitamos, al igual que nosotros tampoco podremos dárselo.
Sin embargo, con problemillas, dificultades, malentendidos o problemas, una relación debe basarse en la confianza, en la comprensión, en el apoyo y en la amistad. No olvidemos nunca que estas características y actitudes deben darse por las dos partes. Bien mirado, por simple ley de probabilidades, es más fácil estropear una relación que hacer que funcione, puesto que sólo se necesita uno para fastidiarla y se precisan dos para que crezca. Sin embargo, el amor es tan apasionante que ¿quién no está dispuesto a dejarse arrebatar por la vorágine de compratir y amar? .... a pesar de las fragancias!!!!!
Para responder a esta pregunta, se realizó una encuesta a través de un cuestionario. Había 432 participantes entre las edades de 15 y 84 años (273 mujeres y 159 hombres). Se les preguntó acerca de sus propios olores corporales y los de su pareja y específicamente acerca de la influencia de estos olores en sus vidas sexuales. Para una evaluación de las respuestas, los resultados de diversas disciplinas científicas (Fisiología, Neurobiología, Zoología, Psicología) fueron utilizados para proporcionar un contexto más amplio, y este contexto luego se amplió una vez más por medio de numerosas referencias de fuentes etnológicas, históricas y literarias.
La encuesta mostró que, de hecho, los olores corporales desempeñan un papel significativo en la comunicación sexual. Por ejemplo, pueden proporcionar un impulso para la actividad sexual y también poner fin a contactos sexuales. De hecho, el 48,4% de los entrevistados respondieron que fueron estimulados sexualmente por el olor corporal de su pareja. Además, no menos del 8,8% de los hombres y un 5,5% de las mujeres informaron que por lo menos una vez habían recurrido a la ropa anteriormente usada por sus parejas como un medio de estimulación sexual.
Podría demostrarse que los seres humanos pueden y distinguen entre los olores que emanan de diferentes partes del cuerpo; pueden distinguir entre los olores del sudor de hombres y mujeres y también entre los olores frescos y rancios. De hecho, los hombres pueden distinguir entre los olores vaginales según las diferentes fases del ciclo menstrual. La percepción de los olores puede ser así tanto consciente como inconsciente, y puede conducir a reacciones conscientes como inconscientes. Algunas de estas reacciones son involuntarias. Por ejemplo, los olores masculinos y femeninos pueden influir en los procesos hormonales, es decir ellos pueden, hasta cierto punto, regular los periodos menstruales.
Estas observaciones han conducido a muchos investigadores a una comparación directa con las denominadas feromonas que regulan el comportamiento sexual en los animales y, de hecho, tales feromonas han sido también encontradas en los seres humanos. Sin embargo, ya que los seres humanos experimentan generalmente un proceso complejo de socialización, su caso no es de ninguna manera sencillo. Después de todo, debido a diversas restricciones culturales, no reaccionan inmediata o "automáticamente" a los olores estimulantes. Aún así, el 76,4% de los hombres y mujeres elegidos se sienten sexualmente estimulados por ciertos olores y tales olores pueden tener fuentes muy diferentes, como ilustra el siguiente gráfico:

En lo concerniente a los dos olores más estimulantes ("olor corporal sin perfume" y "olor corporal con perfume"), no hay mucha diferencia entre las preferencias de las mujeres y hombres. Sin embargo, hay una diferencia significativa con el tercero: el 26,0% de las mujeres nombran el "olor corporal después del coito" como el tercer más estimulante, mientras el 43,4% de los hombres nombran el "olor de los genitales" en tercer lugar. En otras palabras, para la estimulación sexual, los olores genitales son mucho más importantes para los hombres que para las mujeres. (La estimulación sexual femenina atribuye el "olor corporal después del coito" generalmente referida a la estimulación renovada la cual puede ocurrir hasta muchas horas más tarde e incluso después de que la pareja se haya ido).
He estado investigando y os puedo enumerar alguna, que tal vez no nos atrevamos a decíroslas directamente, pero por popularidad nos gusta. Así que chicos, probar con tacto si es lo que a vuestra pareja le gusta, sería una buena manera de sorprenderla y ella pensará que por fin has acertado.

Lo primero que os recomiendo son los besos, muchos besos, es que somos muy besuconas y la boca es una parte importante para nosotras, os puedo asegurar que un beso bien dado puede hacer que nos mojemos las bragas.
Nos hacemos las tiernas y mimosas, pero es todo fachada, a veces nos gusta que nos deis caña y seáis un poquito más agresivos, pero sin pasarse ehhhhh.

Todas somos reinas y princesas
Y nos gusta que nos traten como tales, que el hombre nos contemple con atención, que nos ponga esa carita de cordero degollao. Que nos besen, desde los tobillos a la espalda y nos despierten nuevas sensaciones que no vengan solo de nuestro sexo. Dedicarles tiempo a nuestros muslos, nuestra parte interior de ellos es muy sensible y hará que se nos ponga la carne de gallina. Y que decir de la parte interior de la muñeca??? Es otro buen sitio para recibir besos
.

La boca para besar y hacer ruido.
Mas besos, nos encanta provocaros con nuestra boca y que de la vuestra a parte de besos salgan esos ruiditos agradables que a todas nos ponen ya que nos indica que la cosa va bien.
Recorre todo nuestro cuerpo con la boca y compagina con los dedos, caricias tiernas con boca hará que nos abandonemos al placer.
Haz realidad varias fantasías.
A algunas nos gusta el rol de "chica mala", pero para ello tenemos que ver algún indicio del hombre, no nos atreveríamos a planteárselo si no lo vemos claro, las chicas somos así.
Otra de nuestras fantasías es que nos traten como si terminaran de conocernos, sexo un poco mas salvaje, sin ningún tipo de contemplación y que nos manejen a su antojo.
A veces nos da un poco de miedo comportarnos en la cama distinto a lo que se está acostumbrando, temiendo que el hombre pueda pensar mal de nosotras y luego fuera de la cama nos trate de otro modo. En fin, existen una gran cantidad de mujeres que quieren algo más salvaje para sus dormitorios.
No a las buenas palabra
Ampliemos el vocabulario sexual, nos encanta escuchar palabras guarras, que nos digan guarradas, puede que nos hagamos las sorprendidas al principio e incluso nos ruboricemos, pero nos encantan.
Queremos que nos den más caña
No solo con palabras, que nos aten, que nos estiren del pelo, que nos den azotes en el culo, pero como ya he dicho antes, sin pasarse.

Y al revés, que seamos nosotras las agresivas, las que llevemos el control, nos encanta haceros sufrir
A mi especialmente me gusta que me pidan lo que quieran, ver como el chico me besa, como se va calentando y decirle, pero que quieres???
Y bueno a que os encanta que os la chupemos???? pues a nosotras también nos gusta un buen cunilingüis.
Todo es cuestión de hablarlo, de proponer, lo importante en una buena relación es la comunicación y que nos sintamos cómodas para que nos liberemos.


